CÓMO APOYAR A MAY SIN CEDER SOBRE EL ACUERDO DE SALIDA.

Cuando a las 22.00 en punto de anoche el portavoz de los tories comunicó que Theresa May seguía contando con la confianza de su partido, los suspiros de alivio salidos de decenas de despachos de la Comisión Europea y el Consejo se escucharon a cientos de kilómetros de distancia. Pero cuando menos de un minuto después, apagados ya los aplausos y celebraciones de los correligionarios de la primera ministra, se supo el resultado exacto de la moción de confianza y los políticos y funcionarios comunitarios hicieron cálculos, la sensación de pesimismovolvió a correr como la pólvora.

May sigue al frente del Gobierno británico, y eso era sin duda lo más importante para los 27. La alternativa quitaba el sueño en muchas capitales, pues en la práctica podía suponer que dos años de trabajo saltaran por los aires. Pero que 117 de sus compañeros hayan perdido la fe en ella, el 37%, es una noticia pésima para el futuro de las negociaciones del Brexit. Los números no salen, y aunque May ha sobrevivido al primer punto de partido, el Acuerdo de Retirada puede que no tenga la misma suerte.

Ella misma tendrá que explicárselo al resto de jefes de Estado y de Gobierno hoy en Bruselas, a donde vuelve apenas 48 horas después de su última visita exprés para el último Consejo Europeo del año. Antes de que comience lar reunión, May tendrá un encuentro con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Los jefes de Estado y de Gobierno ya estaban mentalizados desde hace meses para una Cumbre intensa, muy cargada de temas y de simbolismo. Querían consagrarla a la reforma de la Eurozona, a los flecos pendientes en cuestiones migratorias o al tema de Rusia (tanto la renovación semestral de sanciones como a la discusión por lo sucedido en el Mar de Azov o a la desinformación de cara a las elecciones europeas de mayo). Pero no será así. Una vez más, el Brexit, un tema que tiene ya hartos y exhaustos a los diplomáticos y funcionarios comunitarios, volverá a ser el tema principal y casi único.

El problema, además, es que los 27 en este momento pueden ofrecer muy poco a una May tocada y que ha tenido que poner sobre la mesa su renuncia a presentarse a las próximas elecciones para superar el voto de confianza conservador. El sentir general es que sea lo que sea que sus socios puedan proponer o disponer hoy, es muy poco probable que sea suficiente para que ella convenza a los diputados más hostiles, de su grupo y de la oposición, para que no pongan trabas a la ratificación del Acuerdo de Salida que ella ha cerrado con la UE.

«No sé qué es posible, pero sí sé lo que es imposible: renegociar el Acuerdo de Salida. El resto se puede discutir», explicaba ayer una alta fuente comunitaria sobre la opción de ofrecer las garantías suficientes que la ‘premier’ empezó a buscar esta semana con su gira europea. Todas las fuentes consultadas se encojen de brazos apuntando a que May, todavía, no ha dicho lo que quiere. Para eso, precisamente, se cambió el formato de esta Cumbre , abriendo una sección específica en la que ella explicará a sus todavía socios cómo está la situación, qué necesita o cómo pueden ayudarla y los 27 tirarán de imaginación y retórica para intentar estar a la altura del desafío.

«Al final de la primera sesión, May compartirá con los líderes sus preocupaciones sobre el proceso de ratificación. Su visión, sus dudas, y le pueden hacer preguntas», explican los que se encargan de la coreografía de mañana.

Tradicionalmente, en las reuniones de los 28 May exponía su punto de vista y nadie, nunca, le hacía preguntas u observaciones. Los 27 se guardaban todo para cuando estuvieran a puerta cerrada, ya sin ella. El formato cambió la última vez, en la Cumbre extraordinaria del 25 de noviembre, cuando más de media docena de líderes, con el acuerdo sellado, ya interactuaron con ella. Y hoy volverá a ser así.

Parece claro, aunque no está definido, que en las Conclusiones del Consejo Europeo los 27 harán una referencia a la situación actual, pero el contenido exacto dependerá de lo que se les pida. En los últimos borradores con los que los embajadores de los 27 y el Consejo trabajaban estipulaba que la Unión se mantiene firme detrás de un acuerdo que «no está abierto a la renegociación». Pero al mismo tiempo apuntan a que buscarán «una relación tan cercana como sea posible con Reino Unido» y se declaran «listos para ponerse a trabajar inmediatamente tras la firma del Acuerdo de salida para que las negociaciones puedan empezar lo antes posible».

Los 27, en ese borrador, aclaraban que el backstop, el mecanismo de salvaguarda sobre Irlanda del Norte que enfurece a los ‘brexiters’, «no representa un resultado deseable para la Unión. El backstop sólo se considera como una garantía para prevenir las fronteras duras en la isla de Irlanda». Y por lo tanto, la UE quiere acelerar todos los pasos «para lograr un acuerdo que ofrezca el 31 de diciembre de 2020 arreglos alternativos que hagan innecesario activarlo».

Para ello, expresamente se proponía, a falta del visto bueno final, que el backstop se mantendría «sólo mientras sea estrictamente necesario» y que la UE haría todo lo posible para «negociar y cerrar velozmente un acuerdo que reemplace» esa salvaguarda. Todas estas afirmaciones, sin embargo, no están cerradas. Aparecían en el papel al que ha tenido acceso EL MUNDO entre corchetes, que es lo que ocurre en textos todavía sin consensuar mientras se pelea cada palabra y cada coma. «Que nadie espere nada espectacular el jueves. Si May quiere que el Consejo diga que el backstop tiene fecha de caducidad o que ellos se pueden salir cuando quieran una vez activado…. No van a ir por ahí los tiros», apuntan fuentes diplomáticas.

En los últimos días May ha generado muchas expectativas, al recorrer La Haya, Berlín y la capital comunitaria solicitando aclaraciones y un compromiso imposible. Se ha especulado con la posibilidad de que los 27 ofrezcan garantías adicionales en forma de declaraciones formales, algo parecido a lo que se usó con Gibraltar hace unas semanas. O una interpretación del tratado, como sucedió con el de asociación de Ucrania a instancias a petición de Países Bajos. «No estamos ahí», apunta un diplomático. Y es posible que nunca lleguemos a estarlo. Ese tipo de fórmulas se pueden consensuar en unos cuantos días de trabajo, pero es muy difícil hacerlo en pocas horas y durante una Cumbre, aunque haya muchos abogados en el edificio.

¿Más tarde quizás? May quiere que el voto sobre el acuerdo en Westminster se produzca antes del 21 de enero, pero no hay ningún Consejo Europeo antes de esa fecha, y nadie contempla desplazar a 28 líderes para simplemente aprobar una garantía, un protocolo o una declaración interpretativa así. Así que quizás esas buenas intenciones políticas tengan que ser su único soporte.

La agenda del día prevé que la Cumbre arranque a las 15.00, con el tradicional intercambio de opiniones con el presidente del Parlamento Europeo, la institución que en última instancia debe ratificar por mayoría simple el Acuerdo de Salida. Inmediatamente, los 28 abordaran un debate sobre el Presupuesto europeo, el Marco Financiero Plurianual sobre el que todavía no hay consenso. «Esperamos un largo debate. Hay temas muy delicados y diferencias de visiones», explican en el Consejo. Incluyendo un malestar nada disimulado de países como España, decepcionados por cómo ha ido la negociación.

Después, al final de esa primera sesión de trabajo y antes de la cena, tomará la palabra May. Se esperan algunas intervenciones, aclaraciones y preguntas, como la última vez. El 25 de noviembre, en la Cumbre Extraordinaria, la primera ministra fue muy sincera y les dijo a sus colegas las cosas que querían saber: que el llamado ‘meaningful vote’ lo propondría para el día 11 (aunque posteriormente fuera aplazado) y que no disponía, aún al menos, de los apoyos suficientes para sacarlo adelante.

Después de esa primera toma de contacto con Brexit, se pasará, en la cena, a la política exterior, abordando la cuestión Rusa con la opinión de Angela Merkel y Emmanuel Macron, que son los que se encargan del seguimiento de los Acuerdos de Minsk, los que pusieron fin, más o menos, al enfrentamiento armado en el este de Ucrania. Se esperan también algunas reflexiones sobre la próxima cumbre de febrero o sobre la situación de los Balcanes. Y después empieza lo complicado.

May saldrá de la sala y los 27 tratarán de definir su posición. Ver hasta dónde pueden llegar, cómo responder a lo que les piden combinando la necesidad de dar munición a la ‘premier’ sin tocar para nada los documentos legales ni comprometer la integridad del texto de retirada. Igualmente, y con el pesimismo realista que dan los números de Westminster, los líderes discutirán los planes de contingencia para el escenario de un no acuerdo y una salida poco ordenada el próximo 29 de marzo.

Todo está sobre la mesa. La caída de May, el rechazo del Parlamento, unas posibles elecciones, la idea de un nuevo referéndum. Pero también que el Gobierno británico, sea cual sea entonces, pida formalmente una prórroga del periodo de negociaciones más allá del 29 de marzo, algo que contempla el Artículo de 50 que se activó en 2017, pero que requiere la total unanimidad de los Estados Miembros (y que tiene el serio obstáculo de que el 26 de mayo están convocadas unas elecciones europeas en las que Reino Unido no debería participar). E incluso la opción de que, ante el caos y un país dividido, el responsable de Downing Street opte por lo impensable: revocar unilateralmente la activación del Artículo 50 para frenar el reloj y evitar la catástrofe al menos temporalmente.

No hay escenario que sea bueno, y ni siquiera poco malo. Pero cuando lo imposible está descartado, entre lo que queda, por improbable que parezca, tiene que hallarse la vía a seguir.

El Consejo Europeo, en todo caso, seguirá el viernes por la mañana con una agenda igualmente repleta. Mercado único, migración, seguridad y Defensa, racismo y consultas ciudadanas para empezar, cada una con un párrafo ya más o menos perfilado en el documento de conclusiones, el papel que consensúan en cada Cumbre los 28 y que por vago y etéreo que parezca al observador exterior, es una de las bases del funcionamiento de la UE.

La última sesión de la semana, y del año, será nada menos que una Eurocumbrededicada de forma monográfica a la reforma de la Eurozona. La hoja de ruta es lo aprobado hace unos días por el Eurogrupo tras una reunión maratoniana que acabó a las ocho de la mañana. Un consenso realmente de mínimos, muy decepcionante, para dar luz verde a la transformación del Mede, el mecanismo europeo de rescates, en una especie de FMI europeo descafeinado. Con más responsabilidades, poderes y capacidades de control presupuestario y fiscal. Pero un objetivo menos ambicioso.

El segundo paso al frente es la puesta en marcha de otro backstop, un mecanismo con potencial de fuego de hasta 60.000 millones de euros, que debería poder entrar en vigor en 2024, e hipotéticamente incluso antes si se dieran las condiciones, con el que hacer frente a una crisis en una entidad financiera.

El único punto abierto y polémico es el que los ministros no han sido capaces de resolver durante el último año, dejando la pelota a sus jefes. El Eurogrupo pidió en su declaración final del 3 de diciembre que los líderes aprobaran un mandato para definir una serie de instrumentos, en el futuro marco de un Presupuesto de la Eurozona, con el que trabajar por la convergencia y competitividad. «Los líderes darán ese mandato, esperamos», explica una alta fuente comunitaria. Pero se espera una discusión al respecto.

Muchos países son conscientes de que se había prometido a la opinión pública mucho más de lo que se ha logrado. Y a pesar de la complacencia del Eurogrupo y del propio Consejo con lo avanzado, presumiendo de que incluso en periodos de no crisis hay pasos al frente, lo cierto es que para la mayoría de los analistas sabe a muy poco.

No se espera ninguna discusión sobre Italia, Francia y sus presupuestos, a pesar del cisma que se ha creado en las últimas semanas y los últimos días, en especial con la decisión de Macron de disparar los desequilibrios para poder superar la crisis generada por las protestas de los ‘chalecos amarillos’.

Fuente: elmundo.es

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