Un grito homofóbico de los fanáticos mexicanos, esta vez en contra del portero colombiano David Ospina, empañó el desarrollo del encuentro que la Selección ganó 3-2, este sábado, en Santa Clara (California, EE. UU.).

A 10 minutos del final de la primera etapa, cuando Ospina iba a hacer un saque de portería, los fanáticos gritaron «Eeeeeeeeeeeeh, p…», lo que ocasionó que, de inmediato, el árbitro central del partido, el estadounidense Nima Saghafi, suspendió las acciones.

No es la primera vez que México está en la mira de la Fifa por este grito homofóbico. Desde el Mundial Brasil 2014, la Fifa ha tratado de erradicarlo con distintas multas para la FMF y el año pasado lo sancionó con dos partidos a puerta cerrada.

Incluso, la entidad ha amenzado a México con castigos muchísimo más fuertes. «Existe un riesgo (de perder la sede) para el Mundial de 2026 si esto no termina ya. ¿Cómo es posible que queramos ser sede de un Mundial si vamos a tener estadios vacíos? Esto se debe terminar en este momento», explicó Yon de Luisa, presidente de la FMF, el año pasado.

¿De dónde salió ese grito? Medios mexicanos aseguran que comenzó a hacerse en Guadalajara, creado por barristas del Atlas.

“Tanto así como orgulloso no, me siento orgulloso más que nada de mi licenciatura y cosas así, pero de ese grito no, porque la transmisión que queríamos hacer era eso, echar un jolgorio. Yo creo que al estadio vas a desestresarte, a aventar todo lo que traes de mala vibra, te sirve, yo creo que los jugadores ya lo toman como normal, pero decirte la palabra orgullo, pues no, es un dato curioso o chusco que de repente te acuerdas”, declaró el Mosh, uno de los creadores del grito al portal mexicano Mediotiempo.

El protocolo en estos casos

tarjeta roja

El protocolo en estos casos consta de tres pasos, de acuerdo con Marina Granziera, periodista del ‘Gol Caracol’.

La reportera brasileña dijo que en en primera instancia, después de los gritos, se iba a buscar a los responsables.

Luego, si la situación persistía, los jugadores debían entrar al camerino.

Y, si los actos discriminatorios no cesaban, finalmente se optaría por suspender el partido, situación que finalmente no ocurrió.

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