Agentes de la Policía se turnan para hacer vigilancia en los techos de las Unidades de Policía Comunitaria (UPC), en Guayaquil.

Los uniformados, provistos de armas largas y cortas, están alerta ante cualquier situación de riesgo, e incluso están pendientes de los techos y ventanas de las casas de sus vecinos.

En la parte frontal de varias UPC de la localidad porteña se han colocado incluso sacos llenos de arena, se han atravesado patrulleros y otros obstáculos como medida de prevención ante posibles ataques como los ocurridos durante la jornada del 1-N (1 de noviembre) que dejaron varias de estas dependencias policiales afectadas tras ser atacadas a balazos.

Los vecinos aseguran que hasta hace poco era un alivio tener un UPC cerca de sus casas, pero que en la actualidad la situación se ha invertido y se vive en incertidumbre debido a posibles ataques.

Sacos llenos de arena y otros obstáculos empezaron a colocarse también en los ingresos a recintos de las Fuerzas Armadas y de la Infantería Aérea, ambas en Guayaquil, según una publicación de El Universo.

Según información emitida por el Ministerio del Interior, durante la primera semana de noviembre al menos 15 UPC, de entre Guayas, Santo Domingo y Esmeraldas, fueron blanco de ataques por parte de bandas delictivas. Estas acciones empezaron el 1N como medida de presión de las bandas para evitar el traslado y reubicación de los reos de la Penitenciaría del Litoral a diferentes cárceles del país.

El último ataque conocido se dio en Santo Domingo la noche del último lunes 7 de noviembre de 2022 cuando la UPC de la cooperativa Cristo Vive fue atacada a balazos por un hombre que se movilizaba en una moto.

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