Su decisión, al momento de concretarla significaría que los precios de las gasolinas, subirían en nuestro vecino del norte, 400 pesos mensuales para la gasolina de 96 octanos y 250 pesos mensuales para la gasolina y el diésel, hasta cerrar los diferenciales de compensación, lo que, al decir de los analistas colombianos, que la de 96 octanos podría llegar a valer hasta unos 18.000 pesos algo más de 5 dólares el galón, mientras que la llamada gasolina podría alcanzar un precio de 16.000 pesos, mientras que el petrodiésel (ACPM) mantendrá su precio actual de 9.018 pesos, es decir, algo más de 2 dólares con 50 centavos.

Su postura difiere drásticamente de aquella que sostenía el 13 de octubre de 2019, cuando el Ecuador estaba en medio de una violenta ola de protestas cuando dijo: a través de un mensaje en twitter, que esa medida, tomada por el entonces presidente Lenin Moreno, era una exigencia neoliberal del FMI para que se infle el precio de la gasolina y así poder pagar los créditos adquiridos con ese organismo.
¿Por qué cambió de parecer el presidente Petro?
Los manuales de la política nos dan la respuesta: decir, protestar, proponer, gritar a los cuatro vientos cuando se es candidato es una cosa; pero es muy diferente cuando se es gobernante. La realidad difiere de los sueños. El deber ser no es igual al Ser; o mejor, como dice el dicho castellano, “ Una cosa es con violín y otra es con guitarra”. ¿Qué lecciones podemos inferir de esta decisión del presidente colombiano?

LOS SUBSIDIOS NO SON UNA SOLUCIÓN PERMANENTE

El argumento usado por el mandatario para proponer este aumento es que los subsidios alcanzan un 3% del PIB de su país, es decir billones de pesos, que podrían ser destinados a obras y proyectos sociales como el combate a la desnutrición crónica infantil.

“El déficit de estabilización de precios de los combustibles por falta de pago del Gobierno anterior es de 10 billones (de pesos) por trimestre (unos USD 2 300 millones). Es decir, casi 40 billones anuales (cerca de USD 9 200 millones). Casi la mitad del déficit del presupuesto nacional.

Se produce al no subir el precio de la gasolina”, explicó el Mandatario en Twitter y agregó que “la mitad del déficit del presupuesto nacional se debe a un subsidio creciente a los consumidores de gasolina”. El presidente preguntó ¿vale la pena subsidiar este combustible “cuando la tasa de mortalidad infantil por desnutrición se duplica”.

“La otra cara de no subir la gasolina y aumentar el déficit es permitir el aumento del hambre y la pobreza en Colombia.

LA ECONOMÍA MUNDIAL ESTÁ INTERRELACIONADA

Desde que la globalización se hizo presente, no existe un país, una sociedad, que pueda subsistir por si sola, aislada del resto de las naciones. El juego de la importación y la exportación más tiene que ver con las capacidades de producción que con las ilusiones de una ideología.

Las economías de todos los países son complementarias, es decir, que no existe un solo país capaz de producir todo el volumen de un producto necesario para el consumo de su gente y debe acudir al mercado internacional para comprar aquello que no tiene su agricultura o su industria.

La propuesta del presidente Petro es un claro ejemplo de esa globalización de la economía. Veamos, ¿qué significaría para el ciudadano ecuatoriano el aumento del precio de los combustibles en Colombia?

Si comparamos los precios de los combustibles en Colombia y en Ecuador, veremos que el acuerdo del Gobierno con los grupos indígenas y sociales, en nuestro suelo, congelaría el valor de la gasolina en 2 dólares, 40 centavos y el diesel en 1 dólar con 90 centavos, por lo tanto, podemos afirmar que la diferencia sería un gran incentivo para el contrabando de combustibles.

Si bien, no existen cifras confiables de ese tipo de contrabando en años anteriores, a partir de el incremento en Colombia, esas cifras se multiplicarían pues, no se trata únicamente de abastecer el parque automotor de nuestro vecino, sino que dicho contrabando alimenta a lanchas de pescadores e incluso a barcos de gran calado que preferirían comprar, por el precio, nuestro combustible.

En segundo lugar, la actividad delictiva del narcotráfico también saldría beneficiada, pues, de lo que se conoce, la llamada gasolina blanca es uno de los elementos esenciales para el procesamiento de la hoja de coca para convertirse en cocaína.

En tercer lugar, para abastecer a este tipo de delincuencia se ha detectado que los narcos perforan los ductos transecuatorianos, el OCP y el SOTE, que llevan los combustibles hasta Balao. Con estos precios esa actividad se incrementaría y los ductos se convertirían en una coladera con la consiguiente disminución del volumen de carga de los ductos.

Las mafias de cabotaje a lo largo de la línea costanera serán otras de las beneficiarias, pues comprarían el combustible ecuatoriano para alimentar las necesidades de las poblaciones ribereñas de Ecuador, Colombia y hasta de Panamá.

Con una disminución considerable en la oferta de combustibles al interior del país, nos quedarán dos opciones:

1.- Volver a incrementar el valor de las gasolinas

2.- Parar el parque automotor, con el consiguiente descalabro de la producción, del comercio y de toda la actividad productiva del país.

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