El agua de lluvia ya no es potable, ni siquiera en la Antártida o en la meseta tibetana, algunos de los lugares más remotos de la Tierra. Así lo han anunciado investigadores de la Universidad de Estocolmo y de la ETH Zúrich en un artículo publicado en la revista Environmental Science & Technology.

Según el estudio, el agua de lluvia está contaminada por sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés).

Se trata de un grupo de agentes químicos fabricados y utilizados durante décadas en muchas industrias que no se degradan, pueden acumularse con el paso del tiempo y tienen efectos perjudiciales para la salud, explica la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Lo que les ha valido el apodo de «productos químicos para siempre»

Las PFAS se propagan globalmente en la atmósfera y, como resultado, se pueden encontrar en el agua de lluvia y en la nieve, por ejemplo.

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