Se cruzaron los caminos del padre y del hijo entre Flandes y los Países Bajos. El Cholo Simeone sufría en Brujas mientras que al otro lado del Mosa su hijo Giovanni coronaba un partido esplendoroso en Ámsterdam. El hijo mayor del entrenador del Atlético salió del banquillo y metió de puntera el sexto gol del Nápoles, equipo revelación de esta Champions.

Pocas metamorfosis han sido más completas y genuinas que la que protagoniza Luciano Spalletti con el Nápoles. El entrenador italiano resolvió hace unos años que la nueva realidad del fútbol contradecía sus viejas convicciones, tributarias del neocatenaccio. En un alarde de elasticidad insólito en su gremio, a sus 63 años, sepultó definitivamente el viejo manual táctico de los noventa, despegó a su mediocentro de la zona de influencia de los centrales, y se lanzó a la conquista de lo desconocido. El 1-6 que logró su equipo en el Johan Cruyff Arena este martes confirma que nunca es tarde para emprender la regeneración. En este arranque de temporada no hay un equipo en Europa continental que juegue con más dinamismo, más atrevimiento y más rigor que el conjunto meridional, ingenioso con el balón y sofisticado en la presión, trituradora del Liverpool (4-1), azote del Rangers (0-3) y martirio del Ajax.

“Hemos conseguido un gran resultado presionando siempre y buscando el gol en todo momento, hasta el final del partido. ¡Pero ahora concentrémonos en la Cremonese!”, dijo Spalletti, amarrándose a la prudencia. La Serie A, el primer scudetto tras el último de Maradona, en 1989, es su gran meta.

A partir de un 4-3-3 coordinado hasta la obsesión, el florentino ha hecho lo que hacen los entrenadores que respetan los principios fundamentales de su oficio. Primero y principal, elegir bien los pretorianos: el incansable Di Lorenzo, su líder espiritual; el sabio Lobotka, su piloto; Zambo Anguissa, su volante creativo; y el intrépido Raspadori oficiando de falso nueve para bajar, descargar y volar al espacio. Entre todos armaron las celadas de las que no se zafó este bisoño Ajax mal reconstruido tras las salidas de Antony y Lisandro Martínez.

“Equipo estelar, prestación cósmica!”, tuiteó Aurelio de Laurentis en un acceso de euforia, tras el partido. El dueño del Nápoles vive en una nube desde que en la primavera pasada el equipo comenzó a desarrollar un fútbol que en Italia resulta imparable. Así lo confirma la clasificación en la Serie A, que lidera con 20 puntos en ocho partidos.

El Bayern no añora al tanque Lewandowski

Si el Nápoles ha despegado gracias al fútbol más innovador que se puede ver en Italia, el Bayern no le va a la zaga en la progresión trabajosa del experimento modernista que monitoriza el excéntrico Nagelsmann.

Como el Nápoles en Ámsterdam, el Bayern en Múnich sumó nueve puntos en tres partidos y prácticamente aseguró su clasificación. Al equipo bávaro le bastará con ganar en una de las tres jornadas que le restan en el grupo C para pasar a octavos. El medio billete fue consecuencia de una goleada por 5-0 ante el Plzen. Más que un marcador resonante, la constatación de que el Bayern da otro paso importante tras la crisis de juego y resultados que le atenazó en septiembre y que comprometió el trabajo de Julian Nagelsmann en la difícil empresa que acomete tras la venta de Robert Lewandowski al Barça.

Una pared y un caño de Musiala con Leroy Sané desmontó la frágil defensa apelmazada del Viktoria Plzen. Al 1-0 lo sucedieron otras combinaciones de Musiala, Davis, Mané, Sané y Choupo-Moting, para engordar la goleada sin contratiempos defensivos para el portero Neuer. Con este resultado el Bayern suma 42 goles en 13 partidos en todas las competiciones. A base de un juego elaborado y colectivista. Sin tanque, sin nueve, y sin nostalgia por Lewi.

Información de: Diego Torres – ElPais

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