Narcotráfico, microtráfico, extorsión, lavado de dinero, violencia urbana y corrupción, son los ingredientes cotidianos que han convertido a Ecuador en una sede del crimen organizado donde, en lo que va del 2022, se han asesinado a 3.291 personas.

Los asesinatos, los homicidios y los sicariatos, han disparado a 17,72 por ciento la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes y van instaurando una cultura de violencia a la que los ecuatorianos parecen acostumbrarse en medio de la impotencia, el temor y el reclamo de acciones gubernamentales y presencia del Estado.

La actual situación de inseguridad y violencia en Ecuador «se asemeja a lo que vivió Colombia en los años 80, cuando los carteles de Cali y de Medellín eran mega bandas, pero pasaron a convertirse en micro cárteles que se metieron en el negocio ilícito, con laboratorios, cultivos y procesamiento de cocaína», según el análisis que hizo para EL TIEMPO el exjefe de Inteligencia del Ejército, Mario Pazmiño.

«Los hechos violentos se registran porque los grupos delictivos locales comienzan a disputarse el control del espacio territorial para trasladar la droga, posicionar el microtráfico local o buscar el liderazgo frente a los otros grupos delictivos», señaló el analista al resaltar que ese control territorial se evidencia en los sicariatos, asesinatos, secuestros, extorsiones.

Pazmiño considera que, en el caso ecuatoriano, la lucha territorial se ha reflejado exponencialmente en las cárceles del país, donde también se forman sindicatos delictivos, denominados megabandas o microcárteles, formados en los santuarios carcelarios, conocidos en la estructura adminsitrativa carcelaria como pabellones», señaló.

Los hechos violentos se registran porque los grupos delictivos locales comienzan a disputarse el control del espacio territorial

 

En efecto, Ecuador desde febrero de 2021 ha vivido el estupor de nueve masacres carcelarias provocadas por las bandas narcodelictivas en las que se han asesinado sádicamente a 398 privados de libertad. Solo en esta semana 29 reos resultaron muertos por enfrentamientos en las cárceles de Cotopaxi (en el centro andino del país) y en la del Litoral, ubicado en la costera ciudad de Guayaquil.

Daniel Pontón, docente de la Escuela de Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales, IAEN, explica que la actual crisis del sistema penitenciario en Ecuador, a partir de las masacres registradas en los últimos años, ha llamado la atención de varias organizaciones nacionales e internacionales en materia de Derechos Humanos.

«Pese a ello, la ausencia de eficacia en poner un alto por parte del Estado a esta violencia ha llevado a la presunción de que las cárceles se han constituido en un ‘ecosistema criminal’ perfecto para la proliferación del crimen organizado internacional«, refirió para EL TIEMPO.

Pero la violencia ha traspasado los muros de cárceles y barrios administrados por las bandas violentas para llegar con furor a las calles de la mayoría de las 24 provincias ecuatorianas y socializar a violencia y la extorsión como mecanismo de seguridad.

Ecuador

Ecuador desde febrero de 2021 ha vivido el estupor de nueve masacres carcelarias.

Foto:

HANDOUT / SNAI. AFP

Varias escuelas de Guayaquil han optado por dictar clases en línea para evitar que los padres de familia deban pagar por la seguridad de sus hijos o para evitar que los adolescentes sean cooptados para la distribución de drogas o participar en pandillas.

Los transportistas interprovinciales denuncian que, mensualmente o por viaje, deben pagar a las bandas delictivas para no ser asaltados, golpeados o hasta muertos.

Los propietarios de negocios deben contar diariamente con un presupuesto para «la vacuna» que deben pagar por su seguridad.

La violencia urbana con noticias de asaltos a personas, robos a domicilios y negocios son parte del diario vivir de los ecuatorianos. «No hay cómo salir a la calle llevando nada en la mano, hay que enrejar las casas, no se puede tomar un taxi con seguridad, la vida se volvió caótica, llena de temor y angustia», cuenta Christian Rosero, un joven comerciante al que ya le han robado cuatro veces.

Parece ya no alterar las noticias de la presencia de cárteles mexicanos, colombianos, chinos, rusos, italianos y albaneses que han construido «santuarios» del narcotráfico en varias provincias del país y se han tomado barrios populares donde han reclutado jóvenes y niños para convertirlos en «obreros» del crimen organizado.

No hay cómo salir a la calle llevando nada en la mano, hay que enrejar las casas, no se puede tomar un taxi con seguridad, la vida se volvió caótica, llena de temor y angustia

Niños desde los 10 años ya han sido graduados de sicarios, tras ejecutar sus primeros asesinatos o son «emprendedores» del microtráfico en escuelas, parques y centros de diversión, según lo asegura ha detectado la Policía local.

El medio británico The Telegraph conmovió con una entrega periodística en la que recogió el testimonio de un adolescente que, a sus 16 años, asegura haber asesinado a 45 personas. Juan, como se identificó al menor, habría ingresado a los 12 años a una «escuela de sicarios» creada por la mafia albanesa asentada en la ciudad de Guayaquil, urbe portuaria que se ha convertido en centro de almacenamiento y de distribución de droga hacia Estados Unidos y Europa.

El reporte periodístico da cuenta de reuniones de niños en canchas y espacios de barrios pobres de Guayaquil para aprender cómo manejar y rastrillar armas. La formación para ser sicarios duraría alrededor de medio año, pero para graduarse los aspirantes deben asesinar a un pandillero rival o inclusive a miembros de su propia familia. «A los mejores, los albaneses se llevan a los mejores a trabajar en Europa», habría relatado Juan.

«Ecuador fue visto como lugar atractivo para los albaneses y otras mafias europeas por sus fronteras porosas, la debilidad de los organismos policiales y judiciales y una economía dolarizada con transacciones mayormente en efectivo, que ofrecían amplias oportunidades de lavado de dinero al alcance de cualquiera», describió el portal de investigación InSight Crime.

Según cifras policiales a las que tuvo acceso EL TIEMPO, en Ecuador desde enero hasta el 2 de octubre de este año, se han incautado 152 toneladas de droga, un incremento del 13 por ciento con relación al 2021.

Prisión Regional Sierra Centro Norte Cotopaxi

Prisión Regional Sierra Centro Norte Cotopaxi luego de enfrentamientos entre reclusos.

Foto:

RODRIGO BUENDÍA. AFP

¿Cómo llegó Ecuador a esta situación?

Por su posición geográfica y la vecindad con Perú y Colombia, principales productores de droga, hasta los años 90, Ecuador era considerado un corredor de tránsito de drogas, pero, según lo recuerda Mario Pazmiño, en el 2004, ante la destrucción de plantaciones de droga y fumigaciones en zonas colombianas, gran parte de esa maquinaria del crimen organizado se traslada a países en donde las condiciones de seguridad eran mínimas, como es el caso de este país sudamericano.

«Ahí cambió su estatus y pasó a ser un país de acopio y plataformas internacionales de distribución», resaltó.

Resalta además que en los últimos años se reactivó un vector importante entre el Departamento de Nariño y la provincia ecuatoriana de Esmeraldas, por donde sale alrededor del 75 % de la droga de Colombia, es decir alrededor de 700 toneladas de droga cada año.

Con otra mirada, Daniel Pontón, sostiene que los niveles de violencia responden, entre otros factores, a la falta de atención del Estado, a la población tradicionalmente marginada.

Indica que al realizar un recorrido por los lugares en donde se han registrado los hechos violentos, coincide con los sitios que constan en los mapas con altos índices de pobreza y abandono.

«La embestida del narcotráfico, la política criminal y la dinámica delictiva y social del sistema penitenciario se han convertido en un ecosistema con capacidad de reproducción del crimen organizado a escala regional. Este escenario complejo genera la necesidad de tener una dimensión integral del problema al que se enfrenta el Ecuador», consideró finalmente.

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