¿Es inmediato el efecto de las vitaminas para ayudar al sistema inmunológico?.

Las vitaminas son compuestos orgánicos o micronutrientes que se necesitan en pequeñas cantidades para el funcionamiento, crecimiento y desarrollo normal de las células.

La mayoría de las vitaminas deben provenir de los alimentos. Esto se debe a que el cuerpo humano no produce suficientes o no produce ninguna. Punto aparte es la vitamina D, que no está disponible en cantidades suficientemente en los alimentos pero que el cuerpo puede sintetizarla cuando se expone al Sol.

Hay 13 vitaminas esenciales:

  • Hidrosolubles: C (ácido ascórbico), B1 (tiamina), B2 (riboflavina), B3 (niacina), B5 (ácido pantoténico), B6 (piridoxina), B7 (biotina), B9 (ácido fólico), B12 (cianocobalamina).
  • Liposolubles: A (retinol), D, E (tocoferol), K.

Las liposolubles son las que se almacenan en el tejido graso del cuerpo y se absorben más fácilmente; las hidrosolubles no están almacenadas en el cuerpo y -como su nombre lo indica- son solubles en elementos acuosos, su exceso se elimina a través de la orina.

El consumo de vitaminas es fundamental para el sistema inmunológico y desde hace mucho tiempo -con el objetivo de prevenir enfermedades, y más aun con la llegada del COVID-19- se ha popularizado su ingesta ya sea en cápsulas, polvos o jarabes. Sin embargo, la mayoría de las vitaminas se encuentran en los alimentos, por lo que es importante llevar una dieta equilibrada y balanceada para adquirir los valores diarios necesarios.

La importancia de las vitaminas también radica en su correcta ingesta; generalmente se necesitan en pequeñas dosis, por lo que las recomendaciones son bajas, de lo contrario, si se excede su consumo podría causar más daño que beneficio. Allí es cuando se habla de hipervitaminosis, una acumulación excesiva de vitaminas en el organismo que puede derivar en diversos problemas tales como daño hepático, fragilidad de los huesos, problemas digestivos, visión borrosa, entre otros.

Por ello, pese a que parezcan productos inofensivos -sobre todo porque son de venta libre en farmacias y supermercados, además de que su promoción por diferentes canales es común- siempre será importante que consulte con su médico de cabecera si es necesario ingerir suplementos vitamínicos.

Ingesta a largo plazo

Cuando empezó la pandemia del COVID-19 y se emitieron restricciones de salida, no fueron pocos los que se apresuraron a comprar suplementos ricos en vitamina C. Esto debido a que el compuesto es señalado por tener efectos beneficiosos para el sistema inmune innato y adaptativo.

Popularmente se cree que las dosis grandes de vitamina C pueden ayudar a reducir la duración de un resfriado, sin embargo no protege de contraerlo. La mayoría de las personas pueden tomar de 1000 a 2000 mg por día de manera segura, en exceso puede causar malestar estomacal.

El doctor Wladimir Ramírez, responsable de Gestión de Riesgo de la Coordinación Zonal 8 del Ministerio de Salud, señaló meses atrás que una buena nutrición y la toma de vitaminas favorecerá que el cuerpo se encuentre en un buen estado de salud, pero esto no se da de un día a otro. La toma e inyección de vitamina C, suplementos vitamínicos y otras preparaciones no tienen un efecto inmediato.

«La utilización tiene que ser a tiempo, a largo plazo, de manera correcta y combinada con un estilo de vida saludable, la vitamina C no solo se adquiere en el cuerpo por administración de dosis directa… La vitamina está presente en los cítricos, naranja, limón, en ciertas frutas como el banano», señaló el médico, quien agregó que no es necesario ingerir grandes cantidades de una vitamina ya que el organismo absorbe lo que necesita, cuando lo necesita y elimina lo que está excedente a través de filtros naturales.

Así también explicó que los médicos recetan vitamina C durante los periodos de gripe para mejorar la capacidad inmunológica, esto debido a los malos hábitos alimenticios que se tienen lo que se transforma en no contar con la proporción adecuada.

Frente a problemas respiratorios

Recientemente se detalló que una ingesta alta de vitamina A, E y D podría estar relacionada con menos problemas respiratorios en adultos.

La ingesta de vitamina A y E tanto de la dieta como de los suplementos se asoció con una menor prevalencia de problemas respiratorios en los adultos del Reino Unido. Las principales fuentes dietéticas de vitamina A incluyen el hígado, la leche entera y el queso, así como las zanahorias, las verduras de hoja verde oscuro y las frutas de color naranja. Las principales fuentes dietéticas de vitamina E incluyen aceites vegetales, nueces y semillas.

Y la ingesta de vitamina D de los suplementos, pero no de la dieta, se asoció con menos problemas respiratorios, lo que llevó a los investigadores a sugerir que los hallazgos se suman al debate científico actual sobre el valor de los suplementos de vitamina D.

La vitamina D podría reducir el riesgo de infección por SARS-CoV-2, hospitalización, complicaciones graves y muerte. Un artículo publicado en PLOS ONE encontró que las personas con menores niveles de vitamina D en la sangre tenían un riesgo significativamente mayor de dar positivo en la prueba del COVID-19.

Según los resultados de vitamina D de los 12 meses previos y los datos de las pruebas de SARS-CoV-2 que se obtuvieron de 191.779 pacientes de 50 estados de los Estados Unidos, desde mediados de marzo hasta mediados de junio de 2020, aquellos pacientes con un nivel de vitamina D de al menos 55 ng/mL (138 nmol /L) tenían menos probabilidades de infectarse, lo que no sucedía con las personas con un nivel por debajo de 20 ng/mL (50 nmol/L).

En todo caso los científicos aún no saben con certeza si ciertas vitaminas y minerales como el zinc pueden ayudar a prevenir una infección o atenuar su gravedad. »Eso se debe a que se trata de un fenómeno muy nuevo» del cual los investigadores aprenden más cada día, señaló al portal AARP el doctor Walter Willett, profesor de Epidemiología y Nutrición en la Facultad de Salud Pública T.H. Chan, de Harvard. El experto sin embargo no cree imposible que las vitaminas y los minerales esenciales puedan aportar ciertos beneficios para combatir la enfermedad.

Vitaminas en alimentos

  • A (retinol): carne de res, pescado, aves de corral, productos lácteos. La provitamina A, se encuentra en alimentos de origen vegetal, como frutas y verduras. El tipo más común de provitamina A es el betacaroteno.
  • C (ácido ascórbico): guayaba, naranja, limón, toronjas, kiwi, mango, papaya, piña, fresas, frambuesas, moras, arándanos, sandía, melón, brócoli, coliflor, pimiento, espinaca, nabos verdes y otras verduras de hoja, camote, tomate.
  • D: El cuerpo produce la vitamina D cuando la piel se expone directamente al Sol; esta vitamina no se encuentra en grandes cantidades en alimentos. Algunos alimentos que tienen vitamina D son los pescados azules, las sardinas, el salmón o el atún fresco, ostras, almejas o langostinos. Así también se puede encontrar en el hígado, la leche de vaca, los quesos como fresco o mozzarella y los huevos.
  • E (tocoferol): aceites de germen de trigo, girasol, cártamo, maíz y soya; nueces, semillas de girasol, hortalizas de hoja verde como las espinacas y el brócoli.
  • K: hortalizas de hojas verdes como la espinaca, col rizada (o berza), brócoli y lechuga; aceites vegetales; algunas frutas como los arándanos azules y los higos; carne, queso, huevos y granos de soya.
  • B1 (tiamina): productos integrales, enriquecidos y fortificados como el pan, los cereales, el arroz, la pasta y la harina; germen de trigo; carne de res y carne de cerdo; trucha y atún; huevos; legumbres y arvejas, nueces y semillas.
  • B2 (riboflavina): leche, huevos, salmón, espinacas, espárragos, brócoli.
  • B3 (niacina): carnes, pescado, cereales integrales, lentejas, quinoa, papa, y frutos secos, verduras.
  • B5 (ácido pantoténico): Hígado de pollo, salvado de trigo y arroz, huevos, frutos secos, semillas de girasol, lácteos, garbanzos, salmón, champiñones, avena, aguacate.
  • B7 (biotina): nueces, cereales, leche, huevo, salmón, cerdo, sardina, hongos, coliflor, aguacate, guineo, frambuesas.
  • B6 (piridoxina): atún, salmón, carne de res y de cerdo; guineo, nueces, granos enteros, legumbres.
  • B9 (ácido fólico): acelga, col, espinaca y legumbres en general; cereales integrales, huevos y lácteos.
  • B12 (cianocobalamina): hígado de res, mariscos, carne de res, carne de aves, huevos, productos lácteos.

Fuentes: Medical News Today | U.S. National Library of Medicine | Department of Health & Human Services nutri-facts.org | Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación | Sanitas News Medical (eluniverso.com) (T.F.)

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