Otto Sonnenholzner: El 40 % de los guayaquileños ya tuvo COVID-19.

Otto Sonnenholzner presidió el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional del 13 al 30 de marzo. Salió porque quiso trabajar directamente en Guayaquil, que en esos días atravesaba una crisis sanitaria sin precedentes a causa de los contagios del COVID-19. Hasta uno de sus hermanos enfermó gravemente, relata. Dejar esas funciones fue una decisión personal que fue apoyada por el presidente Lenín Moreno.

De su paso por el COE destaca las primeras decisiones que se tomaron para poner al país en pausa sin que colapse todo, como el cierre de aeropuertos, el confinamiento obligatorio de la ciudadanía o la suspensión de la jornada laboral presencial. Las califica de «necesarias y acertadas».

En ciertas provincias el nivel de mortalidad fue «manejable», pero Guayas se les salió de las manos: en marzo, ese indicador llegó al 264%, y en abril, al 593%. Ahora «han vuelto a casi la normalidad», señala Sonnenholzner.

Y si esas decisiones fueron acertadas, como usted dice, ¿qué paso? ¿Por qué se dispararon esas cifras, principalmente en Guayaquil?

El problema fue que al inicio nuestra capacidad de hacer pruebas era muy baja, trabajamos fuertemente en aumentarla, ahora es 10 o 15 veces mayor. Tenemos gran capacidad para procesarlas: arrancamos con 300 y hoy llegamos a 10 mil pero no las hacemos todas porque nos falta aún capacidad de recolección.

La capacidad de medir fue superada por la velocidad de los contagios, por eso nunca íbamos a saber la verdad en tiempo real y por eso optamos por manejar las cifras del Registro Civil como referencia. La única forma de ver el impacto del virus son las cifras de mortalidad, aunque no necesariamente la gente murió por COVID-19, pero es probable que sí porque es la única variable que ha cambiado.

Además, en este contagio mucho tuvo que ver el comportamiento ciudadano y nuestra capacidad de sancionar; 10 mil personas han sido multadas por no cumplir las restricciones, pero no se le puede poner un policía a cada persona.

Pero también fallaron los controles. En los aeropuertos, por ejemplo, no se tomaban las pruebas de temperatura a los viajeros.

Por esas fechas, en febrero, viajé a Europa, Estados Unidos y Sudamérica, y en ningún aeropuerto hacían controles como tomar temperatura; el único era el de Guayaquil. Lo que pasa es que el problema de contagio no está en los que tienen síntomas, que son la minoría, sino en los asintomáticos. Podemos tomar la temperatura en los aeropuertos, que si no hacemos la prueba de virus no ganamos nada. Casi el 60 % de los casos son asintomáticos. Eso no lo sabíamos. Y esa es la razón por la cual la enfermedad se propagó tan rápido: la gente llevaba su vida normal.

Ahora, con brigadas y encuestas que hicimos a principios de abril sabemos cuál fue el impacto del contagio en Guayaquil. Hicimos dos estudios, pero todavía no son definitivos; uno de anticuerpos en el que podemos ver que alrededor el 40% de la población ya tuvo COVID-19, y otra de virus activo: solo el 3% lo tiene.

¿Dejó el COE por su voluntad o el presidente se lo pidió?

El COE demanda mucho tiempo, eran reuniones de 6 y 7 horas diarias, y cuando veo lo que estaba pasando en Guayaquil tomo la decisión de ir a enfrentar el problema in situ. ¿Qué pasaba? Médicos que no querían ir a trabajar, camilleros que no querían ingresar a las morgues, dificultades para obtener los equipos de protección y falta de planificación para ampliar la capacidad de atención médica. Primero decidimos predicar con ejemplo, y realicé visitas al personal de salud para perdirles que resistan, todos corríamos riesgos, yo lo corría, eso no me hacía gracia, pero era lo necesario, era como estar en un frente de guerra.

Segundo, tomar decisiones: diseñamos la planificación de la ampliación del sistema de salud para que IESS y Ministerio de Salud coordinen acciones; cómo coordinar aportes de ONG y de países; y gestionar la toma de pruebas. Lo replicamos en otras provincias.

Eso fue considerado como una precampaña electoral.

Si estar en campaña es arriesgar la vida, créame que no quiero estarlo. Hice esto porque creí que era necesario, estuve alejado de mi familia más de 40 días, para mí también fue difícil. Creo que hay gente que piensa que cualquier funcionario que sale a trabajar está en campaña. Eso es lo que los políticos suelen hacer, pero yo soy un ciudadano que le gusta servir. Es penoso que quieran tergiversar un esfuerzo que dio buenos resultados en Guayas y otras provincias.

¿El manejo de la pandemia generó una crisis de Gabinete? En menos de tres meses salieron cuatro ministros o altos funcionarios, algunos señalados por corrupción.

Quien nombra y quien decide quien es parte del Gobierno es el presidente. Tenemos que respetar sus decisiones, en algunos casos esos cambios eran necesarios, había que hacerlos y han sido positivos.

¿Usted tiene conflictos con los ministros del movimiento Ruptura?

Yo respeto y valoro el esfuerzo de los ministros que han frenteado la crisis. En todos los Gobiernos hay diferencias; tengo diferencias respetuosas con muchos ministros. Este no es momento de divisiones; el país, el gobierno deben estar unidos. Claro que discrepamos, si todos pensáramos igual mejor dejemos solo a uno.

El Gobierno envió dos leyes urgentes a la Asamblea para obtener financiamiento ante la crisis. ¿Usted tuvo acercamientos con los legisladores para viabilizar la aprobación?

El manejo político con la Asamblea no es parte de mi trabajo; pero sí quiero hacerle una reflexión sobre la situación del país, quien no tiene clara que es compleja, y que hay que cambiar el rumbo porque no podemos eternamente gastar más de lo que ingresa, quien no quiere entender que todos tenemos que hacer sacrificios, está viviendo en otro planeta. El país necesita hacer un esfuerzo grande.

¿Por qué el presidente se echó para atrás en la tabla de contribuciones?

Fue una decisión que entiendo buscaba darle viabilidad a los proyectos, pero lo cierto es que hay un problema fiscal que se tiene que solucionar de alguna forma o combinando formas, la una es reducción de gastos, pero la otra es el aumento de ingresos.

¿Y en ese sentido ya han tomado una decisión respecto a la eliminación de los subsidios a los combustibles?

No, se sigue con el proceso de análisis de focalización. Hay una oportunidad importante por la situación mundial del precio del petróleo. Pero es una decisión del presidente.

¿Se ha pensado en impulsar la muerte cruzada si la Asamblea no colabora con el Gobierno?

Nadie quiere eso. Ni el presidente ni yo. Esperemos que no sea necesario.

Hay dudas sobre quién fue el “paciente cero” por datos que se desprenden de los reportes del COE. Se habla de un caso de contagio del 12 de febrero, antes de la señora de Los Ríos. ¿Qué pasó ahí?

No hay paciente cero sin examen de COVID-19. Es un error del Ministerio de Salud. El primer examen de COVID-19 que se hizo en este país fue a la paciente de Los Ríos, el 29 de febrero. Lo que se hizo fue retroceder al inicio de los síntomas para poder dibujar una curva. Se le detectaron a mediados de febrero. Hablar de otro paciente cero es un error de un zonal de salud que se le ocurrió que un enfermo que entró por otra cosa a un hospital pudo haber tenido síntomas y pudo haber sido COVID-19. Ese error debe explicarlo el Ministro de Salud. Eso no significa que pudieron haber venido personas positivas asintomáticas, incluso desde enero, pero no hay forma de saberlo.

El régimen entra a su último año, ¿qué escenarios esperan?

El panorama cambió con el coronavirus. En la última etapa queríamos completar la reconstrucción del modelo económico, dejar enrumbado al país, pero esto fue un golpe brutal. Eso no significa que no haya soluciones o salidas, pero eso pasa por decisiones difíciles que hay que tomar. Y esperamos que el presidente las anuncie en estos días.

Fuente: eluniverso.com (T.F.)

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