¿POR QUÉ NOS QUEDAMOS ‘CONGELADOS’ AL ASUSTARNOS?.

Un estudio de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, realizado sobre moscas de la fruta, ha identificado la serotonina como el químico que desencadena la respuesta de sobresalto del cuerpo, el reflejo automático que congela el cuerpo momentáneamente en respuesta a una amenaza potencial, como el conejo ante los faros de un coche.

El estudio, publicado en la revista Current Biology, revela que cuando una mosca experimenta un cambio inesperado en su entorno, como una vibración repentina, la liberación de serotonina ayuda a detener la mosca literalmente, y temporalmente.

Estos hallazgos ofrecen una visión amplia de la biología de la respuesta de sobresalto, un fenómeno omnipresente, pero misterioso, que se ha observado en prácticamente todos los animales estudiados hasta la fecha, desde moscas hasta peces y personas.

«Imagínese sentado en su sala de estar con su familia y, de repente, las luces se apagan o el suelo comienza a temblar -apunta Richard Mann, investigador principal del Instituto de Comportamiento Mental del Cerebro Mortimer B. Zuckerman de Columbia y autor principal del artículo-. Su respuesta, y la de su familia, será la misma: se detendrá, se congelará y luego pasará a un lugar seguro«.

«Con este estudio mostramos en moscas que una liberación rápida de la serotonina química en su sistema nervioso impulsa esa congelación inicial Y debido a que la serotonina también existe en las personas, estos hallazgos arrojan luz sobre lo que puede estar sucediendo cuando nos asustamos también«, explica.

En el cerebro, la serotonina se asocia más estrechamente con la regulación del estado de ánimo y las emociones. Pero investigaciones previas sobre moscas y vertebrados han demostrado que también puede afectar la velocidad del movimiento de un animal. El objetivo inicial de los investigadores de Columbia era comprender mejor cómo el producto químico logra esto.

El equipo primero analizó los pasos de la mosca de la fruta usando FlyWalker, un aparato desarrollado por el doctor Mann y el físico de Columbia Szabolcs Marka, para rastrear los pasos de un insecto en un tipo especial de vidrio.

Después de monitorizar cómo se movían las moscas, los científicos manipularon los niveles de serotonina, y otro químico llamado dopamina, en el cordón nervioso ventral (VNC) de la mosca, que es análogo a la médula espinal de los vertebrados.

Sus resultados iniciales revelaron que la activación de las neuronas que producen serotonina en el VNC ralentiza las moscas, mientras que silenciar esas mismas neuronas acelera las moscas. Experimentos adicionales mostraron que los niveles de serotonina podrían afectar la velocidad de caminata de los insectos en una amplia variedad de condiciones, incluidas diferentes temperaturas, cuando las moscas tenían hambre o mientras caminaban boca abajo, todas las situaciones que normalmente afectan la velocidad de caminata.

«Fuimos testigos de los mayores efectos de la serotonina cuando las moscas experimentaron rápidos cambios ambientales -asegura Clare Howard, primera autora del artículo-. En otras palabras, cuando se sorprendieron».

Fuente: eluniverso.com

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