Tres descubrimientos claves sobre el COVID-19.

La comunidad médica y científica todavía no termina de descubrir al 100% el comportamiento del coronavirus SARS-CoV-2, que produce la enfermedad del COVID-19. Pero a estas alturas, a unos diez meses de los primeros reportes de la aparición del nuevo virus, ya se conoce más sobre algunos aspectos de la enfermedad.

Vía de transmisión

El tema que aún genera mucho debate es la vía de contagio del virus. Recientemente un grupo de 239 científicos internacionales aseguraron que el coronavirus puede transmitirse por vía área e instaron a que se revisen las directivas sanitarias para combatir la pandemia.

Según una publicación académica de Enfermedades Infecciosas Clínicas de Oxford, los investigadores señalaron que los estudios han mostrado que «más allá de cualquier duda razonable» los virus pueden viajar una decena de metros por vía área, y que algunos eventos han demostrado que esta afirmación se cumple en el caso del SARS-CoV-2 que provoca la COVID-19.

Hasta ahora, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la principal vía de transmisión del SARS-CoV-2 son las gotas de saliva proyectadas por la tos, los estornudos o por el habla. También mencionan a las gotas que permanecen en superficies durante horas o incluso días.

Entre las principales recomendaciones de los académicos está establecer una mayor ventilación para espacios cerrados, la instalación de filtros de aire más eficientes y lámparas ultravioletas, y evitar las aglomeraciones en edificios y transportes públicos.

Cuando una persona infectada tose o estornuda, las gotas que son expulsadas de su garganta tienen varios tamaños. Aquellas que miden entre cinco y diez micrómetros caen al suelo rápidamente a una distancia de entre uno y dos metros, mientras que las microgotas de un diámetro menor pueden quedar suspendidas en el aire como aerosoles y viajar más lejos.

En la comunidad científica hay un intenso debate sobre el comportamiento de estas microgotas en el contexto de la pandemia de la COVID-19, pero por el momento la OMS estima que estas partículas se producen en circunstancias específicas, cómo la intubación intrahospitalaria.

Papel de la vitamina D

La vitamina D podría reducir el riesgo de infección por SARS-CoV-2, hospitalización, complicaciones graves y muerte. Un artículo publicado en PLOS ONE encontró que las personas con menores niveles de vitamina D en la sangre tenían un riesgo significativamente mayor de dar positivo en la prueba del COVID-19.

Según los resultados de vitamina D de los 12 meses previos y los datos de las pruebas de SARS-CoV-2 que se obtuvieron de 191.779 pacientes de 50 estados de los Estados Unidos, desde mediados de marzo hasta mediados de junio de 2020, aquellos pacientes con un nivel de vitamina D de al menos 55 ng/mL (138 nmol /L) tenían menos probabilidades de infectarse, lo que no sucedía con las personas con un nivel por debajo de 20 ng/mL (50 nmol/L).

En julio de 2020, un estudio israelí también confirmó que los niveles elevados de vitamina D reducen el riesgo de infección por SARS-CoV-2. En este caso, se examinaron los datos de 7.807 personas entre el 1 de febrero y el 30 de abril de 2020.

En este estudio, aquellos con un nivel de vitamina D por encima de 30 ng/mL (75 nmol/L) tenían un riesgo 59 % menor de dar positivo al SARS-CoV-2 en comparación con aquellos con un nivel de vitamina D entre 20 ng/mL y 29 ng/mL (50 a 74 nmol/L).

De acuerdo a sus propiedades, la vitamina D es capaz de: reducir la replicación viral; fortalecer la función inmunológica; reducir la dificultad respiratoria; mejorar la función pulmonar; ayudar a producir tensioactivos en los pulmones que permiten eliminar los líquidos; y reducir el riesgo de comorbilidades relacionadas con un mal pronóstico de COVID-19.

Casos de reinfección

Una vez que se confirmaron los primeros casos de reinfección de COVID-19, sonaron las alertas. No obstante los expertos señalaron que para aseverar que una persona efectivamente se reinfectó de SARS-CoV-2 se debe contar con una buena historia clínica y epidemiológica.

Cuando se conoció el primer caso de reinfección, que se trató de un paciente en Hong Kong, los científicos primero pensaron que se trataba de la misma cepa que se mantenía en su cuerpo y lo hacía un portador persistente, sin embargo, con las pruebas respectivas se determinó que eran distintas.

«Muchos creen que los pacientes recuperados de la COVID-19 tienen inmunidad contra las reinfecciones debido a que la mayoría desarrollaron una respuesta basada en anticuerpos neutralizantes en suero», se señaló en un estudio.

También se dijo que hay parte de la población que puede registrar estos episodios de reinfección, sin embargo, en otros casos no se han librado completamente del virus, pero dan negativo y luego vuelven a dar positivo.

En todo caso la epidemióloga de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Maria Van Kerkhove, dijo en septiembre pasado que los «escasos» casos de reinfección del coronavirus que se han producido en el mundo son «estadísticamente irrelevantes».

Fuente: eluniverso.com (T.F.)

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